jueves

El perro grandote.

Si últimamente se ha inflado tu ego por alguna razón y has sentido que eras lo más, que tus logros en lo laboral y en lo personal merecerían un caro biopic, o que sin ti, el universo carecería de sentido, te paso a comparar todo eso con un logro de la naturaleza a tu altura:
Si la Tierra fuera una esfera de 1 cm de diámetro (una canica), entonces el Sol tendría 109 cm de diámetro (la altura de un niño).
¿Te parece grande el Sol? Pues según esa comparación, la estrella VY Canis Majoris tendría ¡2.3 km de diámetro! (la longitud del puente Golden Gate)
Por si acaso estas comparaciones que te he buscado no te dicen mucho, también te he hecho un montaje de escalas:


Flípalo.

Ahora vuelve a tu trabajo, a hablar de la huelga y la crisis. Pero si lo haces sin que nada haya cambiado, es que no has acabado de profundizar en el mensaje del post.
Mirate el montaje de nuevo, anda. (;D


Nuestro Sol tiene un tamaño normalito, pero Canis Majoris es una hipergigante roja, la estrella más grande conocida hasta la fecha, aunque no la única de tamaño descomunal. 
De todos modos, es sólo es una estrella; imagina que miles de millones de ellas, de todos los tamaños y tipos, componen cada galaxia, de las que también hay miles de millones... 
Pero ese sería otro post.

martes

“Stephen Hawking Was Right”

Después de las recientes declaraciones de Stephen Hawking sobre la inexistencia de un ser divino artífice de la Creación, han salido a la plaza del pueblo, armados con antorchas y azadones, los fanáticos de la fe para condenarlo como si el científico fuese un brujo y esto la Santa Inquisición.
Por Dios, que va en silla de ruedas, un poco del respeto que predicáis.

Aquí vemos a Mazinger toqueteando a Hawking como si fuese tontito, aprovechando que el científico no puede defenderse.

El hecho es que Hawking no ha negado la existencia de Dios.
La sutil declaración ha sido que “para que el Universo exista tal y como es, no es necesaria la existencia ni la bondad de un dios”.
El Universo se explica y se justifica a sí mismo.
Y si un dios no ha sido necesario para que todo exista, ¿es entonces realmente un dios?

Desde que el Hombre es Hombre, ha inventado cultos, ritos y dioses como creadores y amos del mundo. A ellos les rezaba para conseguir buenas cosechas e impedir desastres naturales. Y el ser humano ha ido evolucionando a estos dioses y sus religiones según avanzaba el mundo y el conocimiento sobre él; las religiones actuales, las que han sobrevivido al paso del tiempo, ya no son las que eran hace 500 años, ni las que eran en su origen. Se adaptan a los tiempos, a lo que convenga, para lograr sobrevivir entre la gente.
Es extraño. Lo lógico, si Dios existiese, sería que su religión y su Verdad fuesen inamovibles, y que con el avance de la civilización humana a través de los milenios, las personas nos diésemos cuenta de que las antiguas creencias han sido superadas, que somos más morales que el dios del Antiguo Testamento, que somos más caritativos, más altruistas, y más sabios que los protagonistas de esas antiguas escrituras.
Pero no. Las creencias se adaptan a los avances para no dejarse exterminar, y así, no admitir que son totalmente innecesarias.
Como una criatura viva, pretenden perdurar a toda costa.
¿Acaso no es esto una prueba clara de que el origen de Dios es la mente humana?

Sí, está claro que las religiones surgieron en una época de la humanidad en la que la ignorancia era total y las creencias religiosas daban cierto orden al mundo. Era lógico que apareciesen. He leído un buen ejemplo que dice que eran comparables al amigo invisible de un niño demasiado pequeño como para soportar y comprender la realidad del mundo sin ayuda. Un amigo imaginario que desaparecerá con la madurez del niño, cuando ya no le haga falta. Algunos creen que por esa razón, las religiones son útiles, que tienen una función social, y que es mejor dejar que los creyentes sigan creyendo. Porque lo necesitan.
Yo, hasta hace unos años, también pensaba así, pero la cruda realidad me ha hecho cambiar de opinión poco a poco. Las religiones tuvieron ese origen, y esa fue su función, pero de aquello hace miles, si no decenas de miles de años, y el ser humano ya no es un niño asustado. No tiene por qué. La madurez ya ha llegado, aunque tantos frikis no quieran aceptarlo.

Tal y como yo lo veo, la especie humana es un cuarentón que aún vive en casa de su “padre”, incapaz de salir de debajo de su ala protectora, obsesionado con una infancia en la que se sentía a salvo y feliz, y de la que aún conserva a su amigo imaginario, porque los otros niños que son diferentes le asustan.
Un cobarde con problemas mentales.

Y yo creo que ya es hora de destetar de una vez al pequeño capullo.

Tenemos la madurez de la civilización al alcance de la mano, y esta lacra de las creencias nos impide avanzar.
O algo peor.

lunes

El sol de medianoche

En los polos sucede algo digno de ver cuando se acercan los solsticios: siempre es de día. 
Incluso hay regiones de Europa del Norte que apenas tienen noches desde abril hasta finales de agosto.
A este fenómeno se le conoce como el Sol de Medianoche.

Es debido a que el eje de rotación de la Tierra está ligeramente inclinado, y una vez al año uno de los polos recibe la luz del Sol las 24 horas del día.

En este dibujo, es el polo sur el que recibirá la luz solar (que vendría de la izquierda) 24 horas al día.

El eje del planeta siempre apunta al mismo lugar del cielo (no sigue el movimiento de traslación de la Tierra alrededor del Sol), de manera que una vez al año es el polo norte el que mira hacía el Sol y otra vez es el polo sur.

Todos sabemos que existe este fenómeno, pero como no todos lo han visto, os pongo un vídeo Time Lapse que he visto hoy, que registra el transcurso de varios días y "noches" con Sol de Medianoche, y que es imprescindible. Lo hayas visto antes o no.

Que lo disfrutéis.


Más información en:

martes

Los 18 añitos de Galileo.

"Galileo Was Wrong (Galileo estaba equivocado) es un tratado detallado y exhaustivo de las evidencias científicas que apoyan el Geocentrismo, la creencia académica que sostiene que la Tierra está inmóvil en el centro del universo. Tras recoger información científica de física, astrofísica, astronomía y otras ciencias, Galileo Was Wrong muestra que el debate entre Galileo y la Iglesia Católica fue mucho más que una diferencia de opinión sobre la interpretación de las escrituras.
Las evidencias científicas obtenidas a lo largo de estos últimos 100 años y que no estaban a disposición de Galileo durante su confrontación con la iglesia, muestran que la posición del clero sobre la inmovilidad de la Tierra no solo es respaldable científicamente, sino que es el modelo más estable de universo y el que mejor responde a todas las evidencias que vemos en el cosmos."

Esta locura puede leerse en la página web de la organización católica Galileo Was Wrong (americana, sí), que está formada por teólogos-científicos (¡!) (sí, ellos insisten en que se puede ser ambas cosas, aunque está claro que semejante cruce de especies sólo puede dar como resultado un gallifante).
Como podéis apreciar, lo que sostienen es que la Tierra es el centro del Universo.
Otra vez.
Ahora, los rednecks van a montar la Primera Conferencia Anual Católica sobre Geocentrismo, que tendrá lugar el próximo 6 de noviembre de 2010 en South Bend, Indiana, Estados Unidos.
El acabose.

Galileo Galilei, padre de la ciencia moderna, que sentó las bases del actual método científico, postuló, entre muchas otras cosas decisivas para nuestro modo de ver el Universo, que la Tierra giraba en torno al Sol (teoría Heliocéntrica), y no al revés.
Hasta los niños pequeños saben hoy que esto es así, y “comprenden” por qué es así.
¿Cómo puede entonces un puñado de adultos, guiados por estos teólogos-científicos, por muy fanáticos que sean, no “comprenderlo”? ¿Cómo se anulan 400 años de avance científico, de evidencia, de racionalidad?
De verdad que me gustaría saberlo.

En 1992, Juan Pablo II ya pidió perdón en nombre de la Iglesia Católica por la persecución a Galileo. Casi 400 años hicieron falta para que la Iglesia reconociese su error. Pero estos últimos 18 años han sido todo el reconocimiento que los ignorantes del mundo le han otorgado al sufrido astrónomo, filósofo, matemático y físico Italiano.
Porque el Geocentrismo está aquí de nuevo.
Y vaticino que la Tierra volverá a ser plana en menos de una década.

Las modas siempre vuelven, pero algunas cosas como las hombreras, los calentadores, y el Geocentrismo, son modas que a poco tiempo que pase, nos abochorna haber seguido.
Aunque claro, siempre hay gente que no puede aceptarlo...



Me enteré de esta organización en Amazings.es.

El Folletín de tu vida.


Aunque lo intento, me resulta difícil ir al cine a ver una película sin ya saberlo todo de ella, por trailers, anuncios en la tele, y comentarios de amigos. Y no hablo de conocer la trama, sino de conocer la existencia de la película en sí, conocer la expectación que hay sobre ella, u opiniones varias. Pocas veces he visto una película sin saber nada de ella salvo que quería verla (por admiración hacia el director, el guionista, o el tema). Lo mismo pasa con los libros, sobre todo si lo que uno lee más son obras de hace 50 años para atrás; suelen estar más que valoradas por todos. 
Pero a veces lo he logrado, y conocer algo de primera mano, sin sesgo ni prejuicio de ningún tipo (ni bueno ni malo), es una experiencia increíble. La expectación que genera en la sociedad la aparición de una obra cualquiera o los prejuicios sobre alguna cualidad que esta posea condicionan tu opinión sobre la obra que has decidido (o no) ir a disfrutar, y llegar a la sala de cine y decir "¿Y esa película cuál es? vaya, es de mi guionista favorito, voy a verla" convierte esta experiencia de ser "público de una obra" en algo completamente diferente, genuino y real. 
Es la única manera verdadera de conseguir una experiencia honesta y objetiva.

Por eso tengo suerte de haber disfrutado de primera mano, virgen y sin recomendaciones de terceros, de gran parte de lo que ahora llaman “nueva ficción televisiva”. Es una experiencia muy diferente descubrir algo en “tiempo real”, en el momento en que aparece en la pantalla de la tele y dices "¿Esto qué es? Pone capítulo 1 de Los So... Soprano. Voy a ver qué tal es", que disfrutarlo a los 10 años de su estreno tras avalanchas de información y opiniones ajenas (frente a las que inevitablemente uno se rebela, inconscientemente); es interesante ver cómo la obra nace, cómo se va formando y creciendo ante tus ojos perplejos, en mi caso, adormilados, televisivamente hablando, desde hacía tanto tiempo. 
De esto hace ya muchos años.


Últimamente se me han juntado artículos leídos, conversaciones tenidas con amigos, y grandes placeres disfrutados mirando una simple pantalla de televisión, que me han llevado a trasladar el tema de las series televisivas a este blog, tema del que nunca he hablado aquí, y así seguir charlando e indagando un poco más en este curioso fenómeno contemporáneo, que en realidad no lo es tanto.

Para mí, una peculiaridad de las series de televisión contemporáneas, y que me atrapó desde el principio (a mediados de los años 90, y definitivamente a principios del siglo XXI), es su condición de folletín de calidad, dotando a las series de una historia amplia, un arco argumental extenso, pero dividido en capítulos, desarrollando así tramas y personajes como lo haría una novela. Los orígenes del folletín, un tipo de novela dramática por entregas, rápida de producir y con facilidad para engancharte, viene de lejos. Grandes obras como La Iliada o La Odisea de Homero se pueden llegar a considerar folletinescas, pero el concepto como tal no surgió hasta muchísimo después. Con más de trescientos años a sus espaldas, este género surgió en el Romanticismo francés, en su Revolución Burguesa, y es por antonomasia el género popular, del pueblo llano. Como he dicho, no se ha inventado nada nuevo.


A partir de un momento dado, el publico de los folletines empezó a alcanzar todas las condiciones sociales, y hubo autores trascendentales que se sintieron tentados a cultivar este genero, como Eugène Sue (Los misterios de París o El judío errante), Ponson du Terrail, Paul Féval, o sobre todo Alejandro Dumas (Los tres mosqueteros, El conde de Montecristo), quienes representan el máximo esplendor del folletín, con muchas obras muy reimpresas y justamente celebradas, no siempre debidas a su pluma, sino a la de sus colaboradores (Dumas llegó a tener setenta y tres, para dar abasto). Otros autores más famosos recurrieron a este género, como Víctor Hugo (con Los miserables), Honoré Balzac (con Comedia humana)Gustave Flaubert (Madame Bovary). Ahí es nada.
Pero esos inicios fueron sólo el principio.
En el Reino Unido, destacaron Robert Louis Stevenson, (Flecha negra fue publicada en 17 entregas), o Charles Dickens y William Wilkie Collins.
En Italia, tuvieron a Emilio Salgari (con su príncipe malayo Sandokán) o a Carlo Collodi (Le avventure di Pinocchio).
En Rusia fueron folletines Crimen y castigo y Los hermanos Karamázov, de Fedor Dostoievski, o Guerra y paz de León Tolstoy.
En España, Benito Pérez Galdós o Enrique Pérez Escrich, entre otros,  recurrieron a esta forma de divulgar sus obras.
Ni que decir tiene la trascendencia y perdurabilidad que dichas obras han tenido a lo largo del tiempo, hasta llegar a nosotros en nuestra cultura actual.

Pero con los nuevos tiempos, llegaron nuevas formas y tecnologías, trasladándose el folletín al cine mudo en las primeras décadas del siglo XX (Los vampiros, de Louis Feuillade), o al serial radiofónico (como la soap opera Painted Dreams de los años 30) y cinematográfico (Fu-Manchú), y después televisivo (Guiding Light  tuvo más de ¡15.000 episodios, en su andadura entre radio y TV!), precursores estos casi directos en forma y fondo de los seriales televisivos actuales.
Y los cómics, y más recientemente los videojuegos, no han sido una excepción en su camino hacia la serialización.


¿Hablábamos de “nueva ficción televisiva” al principio de este texto?
Sí, es cierto que en los 90 hubo cierto cambio, una pequeña revolución en la ficción televisiva gracias a la tímida inclusión de la serialización, pero en el fondo todo seguía igual: las series siempre se basaban en un esquema autoconclusivo de “mundo estable que se desequilibra, pero que al final vuelve a la estabilidad original”.
¿Entonces? Bien, la verdadera revolución televisiva empezó después, con un cadáver envuelto en plástico. El cambio empezó con Twin Peaks, de David Lynch.
Para mí marcó un antes y un después; una serie en constante evolución, cambio, y desintegración.
Aunque no fue ni remotamente comparable con la serie de Lynch, las aventuras paranoicas de X-Files ofrecieron una pequeña continuidad a esta sensación de “romper el círculo del equilibrio”.
No obstante, pasaban los años y todo parecía indicar que aquel brillo que se alzó sobre los demás en aquella década y que prometía ser la base de un cambio en la ficción televisiva y en sus espectadores, podría ser sólo un cisne negro.
Pero el cambio sí se había producido, y se gestaba en secreto, en las mentes de una nueva generación de guionistas y productores que querían transformar las cosas.
Sin duda, no fue hasta comienzos del siglo XXI, cuando pudimos asistir a la verdadera revolución en el serial “de calidad”, que aunaba diferentes virtudes tanto de las novelas serializadas, como de la literatura y el cine “serios”, creando así un producto que hermanaba las emociones más básicas con una inusitada profundidad humana en sus personajes y tramas.


Antes de este auge, las reglas publicitarias en televisión generaban espectadores perezosos, vendidos a un entretenimiento tan puro como vacío; los contenidos televisivos casi parecían tan solo un “relleno” entre bloque y bloque de publicidad, lo verdaderamente importante.
Pero entonces llegó HBO.
Con su eslogan "esto no es televisión", rompió los cánones. La programación del canal de pago no estaba condicionada y controlada por los anunciantes, por lo que ahora, crear productos de calidad atraería a una audiencia dispuesta a costearlos.
Y con el tiempo, a HBO le han seguido otras, como AMC o Showtime.
Son innumerables: dramas como The Sopranos, The Wire, Dead Wood, Mad Men, Breaking Bad, The West Wing, Six Feet Under, Carnivàle...

"No hay nada que te sirva de paño caliente respecto a una historia triste, una historia airada, una historia subversiva, una historia perturbadora".
David Simon, creador y productor de The Wire.


Con los años, otras cadenas más “generalistas”, como FOX, o ABC, aún dependientes en mayor o menor medida de la publicidad, no han querido quedarse atrás y se han subido al carro de la calidad, esforzándose por dotar a sus series de toda la que fuesen capaces de dar. Es un intento, por parte de sus autores, de implementar un pensamiento más crítico en el público televisivo, acostumbrado al entretenimiento sin finalidad que acaba abotargando la razón. Así, grandes series “más comerciales”o de género como Lost, House M.D. o Galactica, consiguieron superar las limitaciones lógicas de pertenecer a estas cadenas y lograron nacer como series de mayor calidad intelectual. Son ejemplos de que la narrativa audiovisual en televisión, apoyada en el formato folletín, ha cambiado radicalmente, y nos ha cambiado a nosotros como espectadores. Para mejor.

“Intentamos que el público sea capaz de pensar de una forma más crítica, y que vea que muchas de las preguntas que se plantean en sus series se han debatido durante décadas".
Henry Jacoby, autor de “La filosofía de House. Todos mienten.”


¿Son arte las series televisivas actuales, entonces?
El arte es un modo de expresión genuino del ser humano, y como tal, creo que las series de las que hablamos lo son, aunque los que las han disfrutado saben que unas son mejores y otras peores, como en cualquier arte. Aunque creo que esas diferencias de “calidad” en las teleseries son intrínsecas a su condición de arte-producto del que no pueden escapar por muy buenos que sean sus autores, por eso creo que es justo juzgar las series televisivas teniendo en cuenta este punto.

Es muy complicado, porque el arte es lo que los hombres dicen que es y, sobre todo, las instituciones legitimadas para decirlo. (Las series) son un producto comercial, pero de calidad máxima intelectual, política y estética. Apuestan por una nueva forma de narrar, no tan simplista y sensacionalista. Una expresión muy crítica sobre la sociedad que las engendra".
Iván de los Ríos, profesor de filosofía contemporánea en la Universidad Autónoma de Madrid.


Aunque muchos siguen sin enterarse, las series televisivas ya no son lo que eran. Ya no vale con el visionado de un capítulo cualquiera de estas series, porque ahora te ponen a prueba. Si no eres un espectador que ve televisión con la cabeza y con intereses intelectuales, estás fuera. El esquema ha cambiado, y como pasa siempre en la sociedad, si no cambias con ella te quedas atrás. Porque ahora se espera con anhelo el siguiente episodio de unas historias con tramas y personajes más reales que nunca y en los que nos vemos reflejados, porque aquello de lo que hablan es aquello sobre lo que todos reflexionamos. Porque hablan de nosotros mismos.

“(Las series) son inteligentes, para fans inteligentes de una cultura popular inteligente. La televisión no es para peleles"
William Irwin, profesor de Filosofía en el King's Collage de Pensilvania.


"No sabemos qué hacer con nosotros mismos y necesitamos consumir productos que nos den la ilusión de que queda algo para mañana".
Iván de los Ríos, profesor de filosofía contemporánea en la Universidad Autónoma de Madrid.

Me gusta esta agridulce aseveración.
En la infancia, se te abren la boca y los ojos, maravillado, la primera vez que lees un cuento o un cómic, que con el tiempo te llevará a conocer la literatura; o cuando tus padres te llevan al cine por primera vez, e historias más grandes que la vida misma irrumpen en tu mente infantil dejando una huella indeleble; o cuando ves una serie de aventuras espaciales en la televisión, sentado en el suelo del salón un veraniego domingo por la mañana, con tu escaso metro de estatura y tus pantaloncitos cortos, y sientes que aquella maravilla está tan cerca que podrías entrar en ella con sólo alargar la mano. En cada generación son diferentes, pero esos estímulos intelectuales y emocionales siempre se dan, y llegan a tu mente cuando aún eres un crío, pero no desaparecen. Se quedan para siempre y configurarán tu personalidad.

Es una constante humana: nos emocionamos con la ficción, con personajes y acontecimientos que no son reales, pero lo hacemos porque las emociones que despiertan en nosotros sí lo son. Y yo no las cambiaría por nada.
Lejos de hacerlo, encima muchos nos metemos a escribir ficciones propias y acabamos convirtiendo esta locura en nuestro modo de vida.



Para ver más y mejor, los artículos en Babelia:
o un interesante artículo sobre The Wire que leí el año pasado en El País:

En nuestro país, si ves series o quieres hacerlo, es recomendable que visites regularmente los blogs:

sábado

Nada, que ya he vuelto, y como he visto luz, pues me he pasado a saludar.



Tras unas cortas vacaciones en Cantabria, de relajación al estilo rural y de tranquila escritura del próximo guión, uno vuelve a casa como si hubiese vivido una nueva vida fuera del mundo que conocía, aunque en realidad sólo haya pasado una semana. Suena muy triste, teniendo en cuenta el poco tiempo que ha sido, pero el hecho es que hacía mucho que no disfrutaba de "tanto" tiempo realmente libre, y se nota.
Ha sido un periodo sentido como largo, agradable y equilibrado, comparado con el caos controlado del día a día en Madrid.

El caso es que uno vuelve tras ese subjetivamente amplio lapso de tiempo, en el que ha estado rodeado de verdes montañas y ha amanecido con el rumor en los oídos de un riachuelo bajo la ventana (no lo digo sólo por endulzar el relato), y se da cuenta de que en realidad eso no es el mundo real, y que en el verdadero todo sigue igual: pulseras del equilibrio, reseñas en los "periódicos" sobre cartas astrales de futbolistas famosos, engaños religiosossuperstición barata, y mucha, mucha tele-basura.
Y su puta madre.

Aaah, después de desconectar unos días, que bien sienta volver a la civilización.